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    Turismo

    Cubrir la temporada sin ampliar plantilla: qué se prepara un mes antes

    15 de abril de 20267 min de lectura
    Recepción de un alojamiento durante una llegada, con varias personas esperando

    La temporada no avisa dos veces. Empieza cuando empieza, con la reserva que entra un martes de mayo y las tres que entran detrás, y el equipo que las atiende es exactamente el mismo que en febrero contestaba cuatro correos al día.

    Lo que sigue es lo que se puede tener rodado antes del primer pico. Nada de esto se monta en plena temporada: se monta cuando hay tiempo, y casi todo vale también para el año siguiente.

    Por qué contratar para el pico no sale a cuenta

    La cuenta parece sencilla: si en julio entra el triple de trabajo, se contrata gente para julio. El problema es que el pico dura semanas y la estructura dura meses.

    Contratar para el pico deja estructura para el valle. En noviembre tienes la misma plantilla y un tercio del volumen, y esa diferencia se paga en dos sitios: en la nómina y en la conversación incómoda de enero. No contratar tiene el coste contrario y menos visible: quien pregunta por una habitación y no recibe respuesta en dos horas reserva en otro sitio, y no te escribe para contártelo.

    Hay una tercera vía, y es la que funciona: cubrir el puesto todo el año y cambiarle el contenido según el mes. Suena a atajo y no lo es. Es lo que permite que en junio la persona ya conozca tu motor de reservas, tu política de cancelaciones y tu tono, en vez de estar aprendiéndolos con la cola llena.

    Lo que hace distinto a este sector: la incidencia tiene hora

    Una tienda que tarda un día en contestar un correo pierde un cliente. Un alojamiento que tarda un día en contestar un cambio de vuelo pierde una noche, y a veces gana una reseña de dos estrellas.

    Aquí casi todo lo que entra tiene hora: una llegada tardía, una habitación que no está lista, un traslado que no aparece, un cambio de nombre en una reserva que sale mañana. Ninguno de esos casos admite «te contesto cuando pueda». Y llegan por cuatro sitios a la vez —el correo, el portal donde vendes, el teléfono y el mensaje directo—, a veces en dos o tres idiomas, y mezclados con las consultas previas a la reserva, que son las que traen dinero nuevo.

    Esa mezcla es el verdadero problema del pico. No es el volumen: es que dentro del volumen hay cosas de dos minutos y cosas de dos horas, y sin criterio escrito quien atiende las trata todas igual, por orden de llegada.

    Qué se puede tener rodado un mes antes

    Un mes antes del primer pico, con la temporada todavía tranquila, se pueden dejar cerradas cuatro cosas. Cada una es trabajo de una tarde.

    • Las respuestas que se repiten. Coge las conversaciones de la temporada pasada y agrúpalas por pregunta: disponibilidad, precio de una fecha concreta, condiciones de cancelación, horario de entrada y salida, aparcamiento, mascotas, cama supletoria. Saldrán menos grupos de los que esperas. Escribe la respuesta con tu tono, incluida la versión mala: qué se contesta cuando no hay disponibilidad, y qué se ofrece a cambio.
    • Los bordes de la política de cancelación. La política publicada ya la tienes. Lo que casi nunca está escrito es lo de al lado: qué se hace con una cancelación por enfermedad, qué con un cambio de fechas hacia una temporada más cara, hasta qué importe se puede devolver sin preguntar. Esas decisiones son tuyas y se toman en cinco minutos en abril. En agosto se toman en una hora, con el huésped esperando.
    • Los datos reales, no los publicados. Qué tipos de habitación se solapan, qué tarifa está publicada en cada canal, cuál es la hora límite de una llegada tardía sin avisar. Si quien contesta no tiene ese dato delante, promete lo que dice la web y el problema vuelve al día siguiente.
    • La lista de lo que no se decide sin ti. Escríbela como casos, no como principio: un descuento fuera de tarifa, un solapamiento de reservas, una queja que menciona a un tercero, un grupo, una factura de empresa. Todo lo que no esté en esa lista se contesta sin preguntar.

    Con esas cuatro cosas escritas, las reservas y las incidencias se pueden delegar de verdad, porque quien lo hace aplica tu criterio y no el suyo. Es exactamente lo que cubre un puesto de atención al cliente.

    Las reservas de última hora

    La reserva de última hora es la que más margen deja y la que peor se atiende, porque llega cuando todo lo demás está a tope.

    Tiene una particularidad que conviene aprovechar: casi nunca es una pregunta complicada. Es «¿tenéis algo para esta noche?», «¿hasta qué hora puedo llegar?», «¿el precio incluye el desayuno?». Son respuestas de un minuto si están escritas y de quince si hay que buscarlas. Y cuando quien contesta es el mismo que está en recepción con tres personas delante, esa reserva se pierde sin que nadie la cuente: no aparece en ningún panel, porque nunca llegó a existir.

    Por eso el primer trabajo que se delega en temporada no es el más difícil, es el que no puede esperar: consultas previas a la reserva, cambios, cancelaciones y las incidencias que entran por escrito. El resto aguanta una hora. Eso no.

    Las reseñas, que llegan cuando ya no hay nadie

    Las reseñas son la segunda mitad de la temporada y casi nadie las presupuesta. Aparecen cuando el huésped ya se ha ido, cuando el equipo está agotado y cuando nadie tiene ganas de releer una queja.

    Dos cosas funcionan aquí, y ninguna es complicada. La primera: contestarlas todas, también las buenas, con una respuesta que no sea la misma cuatro veces. La segunda, que es la que vale dinero: apuntar de qué se queja la gente. Tres reseñas que mencionan el mismo ruido, la misma foto que promete más de lo que hay o el mismo problema con el desayuno no son tres opiniones. Son un dato sobre tu operación que te están dando gratis.

    Y hay una conexión que se ve poco: buena parte de las reseñas malas de temporada no hablan del alojamiento, hablan de que nadie contestó. Eso se arregla antes, no después.

    Lo que no delegaríamos en tu lugar

    Dos cosas, y conviene decirlas claras, porque el sector está lleno de promesas amplias.

    La política de precios y de cancelaciones no se delega. En temporada, una excepción mal dada se convierte en precedente antes de que acabe la semana, y en reseña poco después. El criterio tiene que estar escrito y tiene que ser tuyo; lo que se delega es aplicarlo, no fijarlo.

    Y la atención en el propio establecimiento tampoco. Quien recibe al huésped en la puerta tiene que estar en la puerta. Lo que se cubre es lo que entra por escrito y por teléfono, que es la mayor parte del trabajo y casi todo el que se queda sin hacer.

    En temporada baja: reorientar el puesto, no cerrarlo

    Cuando baja el volumen hay dos salidas. Una es cerrar el puesto: no hay permanencia, así que se puede. La otra suele salir mejor, y consiste en cambiarle el contenido.

    La misma persona que en agosto atendía reservas pasa en noviembre a lo que en temporada nunca se hace: conciliar con portales y agencias, revisar facturación y cobros pendientes, actualizar fichas y fotos de cada tipo de habitación, cuadrar tarifas y disponibilidad entre canales para el año siguiente, contestar las reseñas atrasadas. Es trabajo real, y es el que explica por qué en abril te encuentras descuadres que nadie sabe de dónde salen.

    La ventaja no es solo económica. Es que en mayo no hay que formar a nadie. Quien atiende el primer pico lleva meses dentro de tu operación, conoce tus fechas raras y sabe qué habitación no se puede vender con cuna. Eso no se compra en junio.

    Si lo que te frena es comprometerte a algo que después no encaja, las condiciones —sustitución sin coste, sin permanencia— están escritas en la página de garantías.

    Por dónde empezar

    Si la temporada está a un mes, el orden es: respuestas que se repiten, bordes de la política de cancelación, lista de escalados. Tres tardes, y valen para todas las temporadas siguientes.

    Si lo que tienes es un puesto sin cubrir y un pico acercándose, mide primero una semana normal: cuántas conversaciones entran, por qué canales, cuántas se quedan sin contestar y cuántas llegan fuera del horario de oficina. Con ese número se decide si necesitas una persona dedicada todo el año o un refuerzo, y cómo se reparte su trabajo entre el pico y el valle. Cómo se monta eso en un negocio de temporada está en la página de turismo y hostelería.

    Lo que no funciona es decidirlo en julio.

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